La autonomía de la discapacidad

PATRICIA LÓPEZ. Antes de asistir a la jornada La diversidad de la autonomía personal’  no me había fijado en que el logo era una mariposa. Pero al salir me di cuenta de que la mariposa es una metáfora adecuada para la jornada que tenía el objetivo de explicar cómo es posible dejar volar a una persona con diversidad funcional sin que se pierda y  cómo en otras ocasiones retenerla sin cortarle las alas.

Cuando llegué al Museo de Mataró me dieron un adhesivo para que pudiéramos identificar a todos los participantes. Al entrar me encontré con un grupo muy heterogéneo de más de cien personas.

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Había estudiantes, gente de mediana edad y mayor. También había personas ciegas y sordas, y en todo momento había una persona traduciendo las palabras al lenguaje de signos. Foto: P.López.

En la conferencia inaugural Joan Canimas, doctor en filosofía, se quejó del concepto “diversidad funcional”. Cada vez es más usado y sirve como cajón de sastre de todas las discapacidades, tanto físicas como intelectuales. Por eso aunque la jornada trataba de la diversidad funcional en general, Canimas se centró en explicar la autonomía de las personas con discapacidad intelectual y en los modos de fomentarla.

Según Canimas hay tres modelos. El paternalista que sobreprotege e infantiliza a las personas con discapacidad. El modelo del abandonamiento que defiende la “capacidad jurídica universal”, esto implica que en ningún caso se debe decidir por una persona con discapacidad intelectual. Y por último, está el modelo de la responsabilidad que se encuentra en un punto medio. Este modelo defiende la intervención si supone ayuda, protección y mejora.

Canimas afirmó que aun nos encontramos en el modelo paternalista y que debemos empezar a avanzar hacia modelo de la responsabilidad y plantearnos “cuánto daño o cuánto riesgo estamos dispuestos a dejar disfrutar a una persona sin plena capacidad antes de intervenir”.

Más tarde hubo una mesa redonda con nueve ponentes que tenían el reto de exponer en cinco minutos cómo trabajaban, desde su ámbito, la autonomía personal con personas. La mayoría de los que participaron tenían alguna diversidad funcional y explicaron experiencias personales que mostraron lo lejos que estamos dela inclusión.

En el ámbito educativo la pedagoga Monsterrat Quijano recalcó que “las personas con discapacidad no nos tienen que dar pena”. Quijano también se mostró a favor de huir de la sobreprotección y fomentar la autonomía educativa.

También se abordó el polémico tema de la sexualidad. Muchas personas con discapacidad intelectual se encuentran infantilizada y no se consideran que “tengan derecho a tener un vida sexual e intimidad” explicó la arte terapeuta Míriam Ballesi. La terapeuta reconoció que la negación de la sexualidad impide el desarrollo de la persona.

La jornada quiso abordar la autonomía de la discapacidad preguntando a los implicados. La conclusión es que la mayoría de personas con diversidad funcional quieren volar, experimentar y equivocarse. El principal problema, como explica Paco Ordoñez, responsable de actividades de ocio es que “las personas con diversidad funcional podemos decidir hasta cierto punto”. “¿Por qué en el cine tengo que estar en primera fila?” se pregunta Ordoñez que además va en silla de ruedas. La completa inclusión se conseguirá cuando los límites de las personas con discapacidad los pongan ellos y no el entorno.

 

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